31 mar 2012

EL AGUA, LA IZQUIERDA Y LA NUEVA CONSTITUCIÓN




“Hay que dolor siento esta razón vivir
Pero el Mantaro muere (…)
Tu sombra será el hombre  y tu corazón la vida
Porque envenenan tu alma
Lucharemos, eres fuente de inspiración (…)
Hay que dolor inmenso siento de ver tu aguas morir
Mantaro mensajero en el tiempo
Los taytas hablan de tu grandeza
Las wawas lloran al no ver tu pureza
¡Mantaro revive!” Kjantu (wayno huancaíno)


Han transcurrido varios meses de instalado el gobierno de la “Gran Transformación”, luego de los reacomodos de las fuerzas políticas donde el ala más derechista conduce el gobierno y busca imponer el proyecto Conga bajo el pretexto que el desarrollo no debe detenerse como lo hacían sus predecesores, quienes saludan ahora la madurez política de Ollanta en mantener el modelo económico neoliberal y aplicar el programa de quienes perdieron las elecciones en la urnas.

El problema del agua se agudiza con las intenciones de las grandes mineras de sacrificar este recurso a cambio de toneladas de mineral que acrecentarán sus arcas financieras. Un ejemplo palpable es el conflicto de Conga y las comunidades cajamarquinas, que ha  puesto sobre la mesa la discusión acerca del manejo de los recursos hídricos y de los minerales en la política económica que se viene aplicando.

Lo principal para los capitales es incrementar sus ganancias sin importar la crisis hídrica que puedan generar a toda una región, presenciamos la irracionalidad capitalista en su máximo esplendor y desfachatez. Pretenden hacer creer a la opinión pública por medio de sus campañas televisivas que el actual modelo de minería es el mejor y que beneficia a todos sin excepción, que con su aplicación los pueblos se convierten en paraísos para todos.

¿El problema del agua es sólo un problema meramente ambiental como algunos socialdemócratas indican? La realidad expresa que es un problema económico y político sustentado tras un régimen jurídico, específicamente sobre un concepto de propiedad y un modelo de desarrollo. Es la Constitución Política de 1993 erigida por el  fujimorismo que bendice el modelo neoliberal (modelo extractivista de los recursos a costa del desarrollo nacional) como dice en el Art.59º “El Estado  estimula la creación de riqueza (…) la libertad de empresa, comercio e industria”, en el Art.62º “Los términos contractuales no pueden ser modificados por leyes u otras disposiciones de cualquier clase. Los conflictos derivados de la relación contractual sólo se solucionan en la vía arbitral (…) Mediante contratos-ley el Estado puede establecer garantías y seguridades. No pueden ser modificados legislativamente”

De aquí se desprende que los derechos individuales y sociales, en los que está incluida la propiedad, no son meros enunciados filosóficos o morales ; sino textos con valor y fuerza constitucional reflejando el carácter jurídico, el interés económico, la concepción ideológica y administrativa del grupo dominante en el poder político.

“Los recursos naturales, renovables y no renovables, son patrimonio de la Nación. El Estado es soberano en su aprovechamiento (…) La concesión otorga a su titular un derecho real, sujeto a dicha norma legal” (Art.66º Cap.II Título III Constitución Política).  

“En cuanto a la propiedad, los extranjeros, sean personas naturales o jurídicas, están en la misma condición que los peruanos” (Art.77º Cap.III Título III Constitución Política).  

Estas normas legales limitan derechos y obligaciones con carácter coactivo de manera general, con pretensión universal, o sea sin excepciones, para proteger y hacer respetar los intereses económicos de los que tienen y legislan.

Un régimen político jurídico que auspicia el respeto a la propiedad tiene que circunscribirse a su propio esquema jurídico, resguardando adecuadamente la forma de organización económica y social, y delimitando la capacidad del poder político de manera que no pueda determinar positiva o normativamente más allá de su propia estructura legal en vigor. Por medio de principios y normas establecen competencias a la autoridad para garantizar, proteger, conservar y perfeccionar la propiedad, amparando los derechos y obligaciones de las personas jurídicas o naturales que la poseen o usufructúan, así como, la injerencia para quienes no son accionistas o no participan en esa propiedad.

Los límites de la capacidad del poder político y del sistema de propiedad también están determinados por las acciones extra-poder y extra-legales de los grupos económicos en competencia, a pesar de existir un sistema normativo legal general. Son estas fuerzas económicas (gobernantes indirectos) las que controlan y señalan fácticamente límites al poder político de turno, neutralizando y haciendo inefectivas sus potestades en un determinado  momento  y en otras direccionando un programa político y económico acorde a los intereses de esos sectores intocables.

La respuesta desde la izquierda frente  a este problema es variopinta. La “izquierda verde” toma cuerpo al enunciar que es urgente cambiar el actual modelo por un modelo agrario, de reemplazar la extracción de los minerales por el cultivo de la tierra como principal actividad económica; ya que, la agricultura es la actividad relegada por el modelo actual. Los verdes sostienen que si opta por la economía agrícola se observarán signos de amor por la tierra y la naturaleza, y el trabajo se convertirá en placer.

¿Puede existir un capitalismo en el cual el desarrollo del comercio y de la industria no se adelante al de la agricultura? El crecimiento del capitalismo es el crecimiento de  la economía mercantil, es decir, de la división social del trabajo, que unas tras otra arranca de la agricultura las diversas formas de obtención, elaboración y consumo, dentro de una única economía natural. Por ello en todas partes y siempre el capitalismo significa un desarrollo más rápido del comercio y de la industria en comparación de la agricultura, un aumento más rápido de la población comercial e industrial, un peso y significación mayor del comercio y de la industria dentro del régimen general de la economía social. (1)

La idealización de la pequeña producción, en especial la agrícola, expresa el carácter populista y la crítica sentimental al capitalismo.

Los pequeños productores no son más que pequeños propietarios cuyos intereses están en contradicción con el gran capital, porque constantemente son empujados a las filas del proletariado. La pequeña economía mercantil es aplastada por el gran capital industrial y cuándo más intensa se pone esta contradicción salta a la vista que los planteamientos de los sentimentalistas y utopistas son puntos de vista conservadores y reaccionarios, pues desean reformar la economía sin reformar la política, sin cuestionar la naturaleza de los modelos de desarrollo del capitalismo ni sus mecanismos jurídicos-políticos que garantizan su continuidad. Para los románticos no está en agenda cambiar la Constitución Política, sólo basta defender el agua y la tierra con un tenor ambientalista.

El ultra izquierdismo afronta el problema del agua agitando la “insurgencia popular”, posición que en realidad no enfoca las fuerzas reales con la que se cuenta  para materializarlo. ¿Existe la organización mínima que conduzca y garantice el éxito de tan brillante planteamiento? Las fuerzas de las organizaciones aún están en ascenso y reestructuración, a ellos no les importa la acumulación progresiva de fuerzas ni que la lucha debe seguir etapas, sólo les interesa dar un “gran salto” a través de la violencia como único método y que ésta transferirá organización, conciencia política y poder a los pueblos.

Llamar a una Asamblea Constituyente para una nueva Constitución es endulzar a los pueblos, argumentan los ultra izquierdistas, no se debe participar en las reglas de juego de la derecha ni luchar en el mismo ruedo con los partidos burgueses. ¿Acaso no son los mismos que llamaron al voto viciado en las últimas elecciones? Los ultra izquierdistas no perciben que el pueblo debe aprender por propia experiencia el carácter antidemocrático de los grupos económicos y de sus gobernantes que no desean ni siquiera preguntarles sobre el cambio de Constitución. Tampoco que podemos profundizar la conciencia política al debatir los capítulos: económico, derechos, propiedad y estructura del Estado en las cuales están afectados los intereses de la población; que este contexto facilitaría la unidad práctica de la izquierda para la construcción de una organización mayor y liquidar la dispersión.

Estos señores dicen combatir al fujimorismo, pero en los hechos no pretenden liquidar el programa neoliberal fujimorista protegido por la Constitución del 93, han convertido sus lamentaciones y sus fraseologías izquierdistas como una forma de quehacer político propia del ultra izquierdismo.

Las particularidades de los románticos y de los ultra izquierdistas frente a la cuestión del agua y la nueva Constitución nos revelan sus concepciones sobre la política, la economía y la organización. Ahora más que nunca es pertinente que los socialistas polemicen para quitarles el disfraz izquierdista de algunos sectores que susurran al oído de las organizaciones populares, que inevitablemente las llevarán al fracaso de aceptar sus “teorías” como solución al problema del agua.

 Nota
(1) El Romanticismo Económico, V.I. L.

Colectivo Generación Amauta

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